Introducción
En muchas ocasiones, los fariseos y
escribas intentaron desacreditar a Jesús delante de la gente. Siempre
estuvieron en su contra porque no pertenecía a su gremio.
Ellos lo consideraban ignorante de la
Ley, y hacían todo lo posible que la gente no lo reconociera como maestro y
siguiera sus enseñanzas. Lo que más encendía su furor es que Jesús no seguía
sus enseñanzas tradicionales de la ley, sino que hablaba a la gente del amor de
Dios y su promesa de redención.
Lectura
Juan 8:1-11 y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana
volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. Entonces
los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y
poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el
acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres.
Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero
Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como
insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin
pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo
hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados
por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los
postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose
Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los
que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús
le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
En este caso los fariseos querían que
Jesús condenara a una mujer sorprendida en adulterio. Para empezar, la
propuesta de ellos estaba incompleta porque la ley consideraba el castigo al hombre
y luego a la mujer, y ellos solo llevaron a la mujer.
Deuteronomio 22:22 Si
fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos
morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás
el mal de Israel.
Pero además, ellos hicieron un plan
muy astuto para hacerle caer en una trampa. Es decir, no era su propósito que Jesús
juzgara un caso de adulterio, sino aprovechar su respuesta, cualquiera que
fuera.
-Si decía que la mujer debía morir apedreada,
estaría en contra de las leyes romanas, que prohibían a los judíos realizar
ejecuciones. Los romanos probablemente lo condenarían a muerte.
-Si decía que la mujer debía ser
perdonada, estaría en contra de las leyes judías y tendrían pretexto para entregarlo
a los romanos y pedir que lo ejecutaran. (Como al final hicieron).
Pero Jesús, siendo Dios, conocía el
corazón de los líderes religiosos, y no había forma de engañarlo. Por tanto,
Jesús resolvió perfectamente este asunto y ellos tuvieron que retirase.
La forma en que Jesús solucionó este
acoso, fue, como siempre, por medio de sabiduría divina. Los enfrentó con su
propia conciencia y ellos tuvieron que juzgarse a sí mismos, por lo que ya no
pudieron continuar con su plan. Ni con la mujer adúltera, ni con Jesús.
¿Qué enseñanza hay para nosotros los
cristianos? ¿Qué sabiduría debemos aprender de Jesús ante personas que nos
acosan con preguntas sobre el castigo que merecen los pecadores?
Muchos nos quedamos con las enseñanzas
claras del Antiguo Testamento:
Éxodo 23:7 De palabra de
mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré
al impío., Dios no justifica al impío
Nahúm 1:3 Jehová es
tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable.
Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus
pies. Dios no tiene por inocente al culpable.
El problema es que este pasaje aparentemente
minimiza el pecado del adulterio, como si Dios "no lo condenara" pero
recuerde que Pablo escribió:
1Corintios 6:9-10 ¿No
sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los
fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que
se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los
maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.
Nosotros podemos aprender algunas
cosas, tomando el ejemplo de Cristo.
Cristo no pide que se condenen unos a otros
Jesús no tiene la intención de exhibir
a los pecadores. Le molestó primeramente que pusieran a la mujer en medio de
todos, por eso guardó silencio un buen tiempo.
Jesús no permite que los hombres condenen
a sus semejantes, poniendo como pretexto la ley de Dios.
La gente fácilmente juzga y condena a
otros sin fijarse en sus propios pecados. Es necesaria la inocencia del
acusador para poder condenar. Por eso dice su Palabra, "no juzguéis para
que no seáis juzgado" o también dice, "antes saca la viga de tu ojo
para que puedas sacar la paja del ojo de tu hermano"
Cristo no quiere condenar al pecador
La ley de Dios es primeramente una ley
de misericordia.
Oseas 6:6 Porque
misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que
holocaustos.
Cristo vino a recordarnos que Dios
espera que sus hijos practiquen la misericordia.
Mateo 23:23 ¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo
y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia
y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.
Jesús vino a salvarnos de toda
condenación
Juan 3:17 Porque no
envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo
sea salvo por él.
Cristo no quiere dejar sin condena ningún pecado
Jesús ama y perdona al que
sinceramente se lo pide. Al que busca a Dios con un corazón contrito y
humillado.
Pero para Jesús el perdón al pecador no
significa: ¡vive como quieras!, sino
que le dijo a la mujer adúltera: "no
peques más"
La mujer reconoció su pecado:
- No se auto justificó (no hice nada malo, es un malentendido)
- No puso excusas (Es que lo hice por despecho, lo hice por ignorancia)
- No se comparó con otros más pecadores (no estoy tan mal, hay otros peores que yo)
- No salió huyendo (No creo en Dios, No me importe lo que la Biblia diga)
- Solo esperó el veredicto de Cristo (Creyó que Jesús merecía reconocimiento como Juez de su vida y aceptó su perdón)
Conclusión:
Todo pecado tiene castigo, debemos tener
claro que el adulterio es condenado por Dios.
En este caso, Jesús perdonó a la mujer
porque más adelante pagaría por los pecados de todos y abriría la oportunidad
de la Gracia a todo aquel que cree.
La obra de Jesús en la cruz, alcanza
para pagar el adulterio y todos los demás pecados de la humanidad.
Si tan solo escucharan la invitación
de Cristo y creyeran en él, si tan solo dejáramos de condenarnos unos a otros, y
si tan solo tuviéramos acciones de misericordia hacia los que están perdidos, tal
vez entenderían mejor el amor de Dios, que aún espera que todos acudan a él
para perdonarlos.
