Introducción
La
resurrección de Cristo es un tema central para la fe cristiana, pero ha sido
polémico desde la época del Nuevo Testamento. Los fariseos y saduceos, dos de
las principales sectas religiosas de la época, se dividían en su creencia sobre
la resurrección. Y cuando el apóstol Pablo hablaba de este tema, muchos
cerraban sus oídos al mensaje de salvación. Hoy en día, la resurrección sigue
siendo atacada y menospreciada, aunque para los creyentes en Cristo, es el
cimiento de nuestra fe y esperanza.
En
Colosenses 2:6-7, Pablo nos exhorta a
caminar en Cristo, y nos presenta cinco características que deben definir la
vida de todo creyente: arraigados, sobreedificados, confirmados, enseñados y
agradecidos. Reflexionemos en la importancia de estas características y su
conexión con la resurrección de Cristo, el fundamento de nuestra vida
cristiana.
Arraigados en Cristo
El
primer aspecto mencionado es estar "arraigados" en Cristo, con raíces
profundas y fuertes que nos mantengan firmes en la fe. Así como los árboles
dependen de sus raíces para sostenerse, los creyentes debemos tener nuestras
vidas profundamente conectadas con Cristo. Nuestra ciudadanía no está en este
mundo, sino en los cielos, donde Cristo nos ha preparado un hogar eterno.
El
arraigo en Cristo nos da estabilidad espiritual. Cuando nuestras raíces están
firmes en Él, las tormentas de la vida no pueden arrancarnos de su amor. Proverbios 2:22 y Mateo
15:13 nos advierten de lo que sucede cuando no estamos arraigados:
seremos desarraigados y, finalmente, pereceremos. Pero al estar en Cristo,
tenemos la promesa de vida eterna.
Sobreedificados sobre el Fundamento de
Cristo
Una
vez que estamos arraigados, el siguiente paso es ser
"sobreedificados". Esto significa construir una vida espiritual
activa y fructífera sobre el fundamento de Cristo. La salvación es por gracia,
pero hemos sido creados para buenas obras, como nos recuerda Efesios 2:8-10. Cada creyente es llamado a crecer,
añadiendo a su fe virtudes como el conocimiento, dominio propio, paciencia,
piedad, afecto fraternal y amor (2 Pedro 1:5-7).
No
podemos quedarnos como cristianos estancados. Debemos sobreedificar
continuamente, buscando agradar a Dios en todo lo que hacemos. Pablo también lo
ilustra en 1 Corintios 3:10-14, donde
compara nuestras vidas con una construcción que debe resistir la prueba del
tiempo y el juicio de Dios.
Confirmados en la Fe
Aunque
la fe es una certeza en las promesas de Dios, en nuestra humanidad a veces
necesitamos confirmación. Dios, en su amor y paciencia, nos ofrece señales y
reafirma su amor y propósito para con nosotros. Así como Cristo permitió que
Tomás tocara sus heridas para fortalecer su fe, también confirma nuestra fe de
múltiples maneras hoy en día.
Jesús
dijo: "Bienaventurados los que no vieron y creyeron" (Juan 20:29). No debemos depender solo de las
señales visibles, pero es alentador saber que Dios comprende nuestras dudas y,
como con Pedro, nos llama a "confirmar" a nuestros hermanos (Lucas 22:32).
Enseñados en la Palabra de Dios
El
verdadero creyente se distingue por su deseo de estudiar y conocer más de la
Palabra de Dios. Creer en Cristo sin el deseo de aprender más acerca de Él es
incoherente. Por eso, debemos buscar ser enseñados continuamente, profundizando
en el conocimiento de Dios y en la verdad que nos transforma.
Este
conocimiento es vital, ya que protege a los creyentes de caer en doctrinas
falsas y sectas engañosas. Colosenses 1:10
nos exhorta a crecer en el conocimiento de Dios, y Jeremías
9:24 nos enseña que si algo debe enorgullecernos, es el conocimiento del
Señor.
Viviendo con Gratitud
Finalmente,
se nos llama a vivir "abundando en acciones de gracias". La gratitud
es una característica central en la vida del creyente, y cuando cultivamos un
corazón agradecido, eliminamos el rencor, la tristeza y el pesimismo. En 1 Tesalonicenses 5:18, Pablo nos anima a dar
gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con nosotros.
El
agradecimiento no solo se expresa en palabras, sino también en nuestras
acciones diarias. Al vivir con gratitud, reflejamos el amor de Dios en todo lo
que hacemos.
La Resurrección: El Fundamento de Todo
La
razón de estas características en la vida cristiana es la resurrección de
Cristo. En Colosenses 2:12, se nos recuerda
que fuimos sepultados y resucitados con Él. Sin la resurrección, nuestra fe
sería inútil y todavía estaríamos muertos en nuestros pecados. Pablo deja claro
en 1 Corintios 15:14-17 que sin la
resurrección, nuestra predicación y nuestra fe serían en vano.
Pero
Cristo no quedó en la tumba; Él resucitó, cumpliendo su promesa de tener poder
sobre la muerte y dándonos la esperanza de que un día también resucitaremos con
Él. Gracias a su resurrección, tenemos vida, ya no estamos muertos
espiritualmente, y podemos vivir con la esperanza de que un día volverá por
nosotros.
Conclusión: Vivir en Cristo, el Fundamento
de Nuestra Vida
Colosenses 3:1-4 nos recuerda que, habiendo resucitado con Cristo,
nuestra vida debe estar orientada a agradar a Dios. Nuestras metas y esfuerzos
deben estar alineados con su voluntad, y todo lo que consideramos importante en
este mundo debe ocupar un segundo plano ante la realidad eterna que tenemos en
Cristo.
Nuestra
vida solo está segura en Cristo. Todo lo demás pasará, pero lo que construimos
sobre su fundamento permanecerá para siempre. Mientras esperamos su
manifestación, mantenemos nuestra esperanza viva, sabiendo que un día todo
cambiará cuando Él venga por nosotros.
