Introducción
Cada vez que nos
reunimos como grupo de creyentes, uno de los propósitos fundamentales es adorar
y honrar a Dios. Como nos recuerda Apocalipsis 5:13,
“... al que está sentado en el trono, y
al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de
los siglos.” Sin embargo, en nuestra vida diaria, ¿realmente estamos
honrando a Dios de la forma en que Él merece?
Este artículo nos invita a reflexionar sobre lo que significa darle a Dios la honra que le corresponde. En la Biblia, encontramos que debemos honrar a nuestros padres, líderes y hermanos, pero, por encima de todo, debemos honrar a Dios. Él nos reclama esta honra y espera que le demos el lugar de honor en nuestra vida.
1. Dios Reclama la Honra
que Merece
En Malaquías 1:6-8, Dios confronta a su pueblo y
exige la honra que le han negado. Utilizando ejemplos simples, Dios explica lo
que espera de ellos:
Ejemplo del Hijo y el Padre
El hijo honra a su
padre por múltiples razones:
- Porque le dio la
vida y lo ha cuidado.
- Porque lo ha guiado
y lo apoya en su crecimiento.
- Porque le ha
brindado amor y sustento.
Ejemplo del Siervo y el Señor
El siervo respeta a
su señor porque depende de él para:
- Su sustento y
protección.
- Su tiempo y
esfuerzo, que le son dedicados.
Así como el hijo y el
siervo reconocen la autoridad de su padre y su señor, Dios merece una honra aún
mayor. Él no solo nos ha dado la vida, sino que nos sostiene y guía cada día.
2. El Problema de una
Honra Superficial
En Malaquías 1, Dios reprocha a los israelitas por la
manera en que lo deshonran:
- Ofrecían pan
inmundo y sacrificios defectuosos (Malaquías 1:7-8).
Aunque tenían el mandato de ofrecer lo mejor, presentaban animales enfermos,
ciegos o cojos.
- Despreciaban la
mesa del Señor al realizar sacrificios sin reverencia y por mera costumbre.
Dios les desafía
diciendo: “Ofrézcanlo a su príncipe.” Si tuvieran una visita importante, como
el gobernador, ¿le darían solo lo que sobra? Probablemente no. Le recibirían
con lo mejor de sus recursos, su tiempo y disposición.
El mundo actual muchas
veces menosprecia el nombre de Dios. Aunque algunos dicen creer en Él y asisten
a la iglesia, sus vidas están enfocadas en prioridades que no incluyen honrar a
Dios. Incluso muchos creyentes luchan por dedicarle a Dios un tiempo
significativo y de calidad, limitándolo a una breve visita dominical si no
interfieren otros compromisos.
3. La Honra que Dios
Merece: Total y Verdadera
Malaquías
1:11 nos
recuerda que “mi nombre es grande entre
las naciones.” Esto significa que Dios no merece una honra superficial,
sino una honra auténtica y profunda:
- Dios no merece una
honra por costumbre: No debemos adorar a Dios por simple hábito, sino con el
deseo genuino de exaltar su nombre.
- Dios no merece una
honra obligada: Nuestra devoción debe ser voluntaria, reflejando amor y
gratitud, no una obligación rutinaria.
- Dios no merece una
honra incompleta: Honrar a Dios implica entregarle lo mejor de nuestro tiempo,
capacidades y recursos materiales.
Al reunirnos para
adorarlo, nuestra actitud debe reflejar que Dios es digno de toda nuestra
reverencia y amor.
Conclusión
Dios merece toda la
honra por ser nuestro Padre y merece todo el respeto por ser nuestro Señor. Es
fundamental cuidar nuestra conducta delante de Él para no convertirnos en
simples “religiosos” que asisten a su presencia por obligación o costumbre.
Hoy es un buen
momento para reflexionar en la calidad de nuestra honra hacia Dios. ¿Estamos
realmente dando lo mejor de nosotros mismos en nuestro tiempo con Él, en nuestra
adoración y en nuestra entrega diaria? Si deseamos honrar a Dios como Él
merece, debemos hacerlo con un corazón genuino y con la intención de glorificar
su nombre.
