Comparte tu paz con los demás

 

Introducción

El deseo de vivir en paz es algo natural en los seres humanos. Irónicamente, muchas guerras a lo largo de la historia han comenzado con la intención de lograr la paz. En algunas culturas orientales, la búsqueda de la "paz interior" es popular. Esta se define como un estado de calma mental y espiritual, que se logra a través de la práctica y el conocimiento, ayudando a controlar la ansiedad.

En la Biblia, encontramos que el pueblo de Israel también ansiaba la paz. Sus sacrificios y ceremonias incluían las "ofrendas de paz" (Deuteronomio 27:7). Ellos pedían a Dios que los librara de sus enemigos y les diera una vida pacífica. A lo largo de las Escrituras, vemos que muchas promesas de Dios incluyen la paz para aquellos que confían en Él.

Sin embargo, los intentos humanos de alcanzar la paz han fracasado una y otra vez, y hoy en día el mundo parece estar en caos. Incluso Israel, con su historia llena de luchas, sigue sin encontrar la paz. ¿Por qué ha sido tan difícil? Una de las razones principales es que no han buscado la paz con Dios, y sin Él, la paz verdadera es imposible. Además, los intentos de paz suelen estar motivados por el egoísmo, buscando el beneficio personal sin considerar lo que los demás necesitan.

Los cristianos estamos llamados a ser mensajeros de la paz de Dios, compartiéndola con todos a nuestro alrededor.

¿Cómo compartimos está paz con los demás?

El llamado a compartir la paz de Dios

En Lucas 10:5-6, Jesús envía a setenta discípulos a predicar y les da estas instrucciones: "En cualquier casa donde entren, digan primero: Paz sea en esta casa. Y si allí hay alguien que merezca la paz, su paz reposará sobre él; si no, se volverá a ustedes".

Este saludo no era solo una costumbre de la época, sino una bendición que se creía que tenía poder. Sin embargo, Jesús pone una condición: solo recibirán esa paz quienes confíen en Dios y la acepten. Para nosotros hoy, aunque no utilicemos exactamente el mismo saludo, podemos compartir la paz de Dios de otras maneras: con palabras amables, comprensión y actos de cariño genuino. Estos gestos pueden transformar situaciones de conflicto en momentos de paz, esa paz que solo Dios puede dar.

La enseñanza clave para los cristianos es que dondequiera que vayamos, debemos llevar un mensaje de paz. Con nuestras palabras y actitudes, debemos reflejar que somos embajadores de Dios. Nuestra vida debe ser un ejemplo del mensaje de Cristo, que ofrece paz y reconciliación con Dios.

Enfrentando a los enemigos de la paz

Dios nos advierte que no todos aceptarán su paz. Muchos se oponen al mensaje de reconciliación con Dios, pero nunca podrán destruir la paz divina. Cuando enfrentamos oposición, nuestra reacción natural puede ser la de defendernos o incluso contraatacar. Sin embargo, debemos recordar que nuestra lucha no es contra personas, sino contra fuerzas espirituales (Efesios 6:12).

Las armas del mal incluyen la crítica, el resentimiento y la violencia, pero los creyentes están llamados a devolver bien por mal, buscando siempre la paz. Confiemos en que Dios hará justicia a su tiempo, y cada persona tendrá la oportunidad de volverse a Cristo o enfrentar las consecuencias de rechazarlo.

La paz de Dios te fortalece

Jesús nos asegura que, aunque enfrentemos dificultades, siempre tendremos su paz. Como Él dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy. No os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Esta paz no es temporal ni superficial, sino una paz profunda que nos fortalece y nos mantiene firmes ante cualquier adversidad.

Jesús es el Príncipe de Paz (Isaías 9:6) y su misión fue establecer esa paz en su Reino espiritual. Un día, cuando regrese, establecerá la paz en todo el mundo. Mientras tanto, los cristianos disfrutamos de una paz perfecta, y Dios quiere que la compartamos con quienes nos rodean, para que puedan conocer a Jesús, salvarse y recibir vida eterna.

Conclusión

En Mateo 10:34-36, Jesús dice algo que a primera vista puede parecer contradictorio: “no vino a traer paz, sino espada”. ¿Qué significa esto? No se refiere a que busquemos conflictos, sino que la paz de Dios es condicional. Solo aquellos que se reconcilian con Dios a través de la fe en Cristo pueden experimentar la paz verdadera.

Para disfrutar de la paz de Dios, primero debemos estar en paz con Él, creyendo que Jesús murió por nuestros pecados y nos dio vida eterna. Solo los que creen en Cristo pueden experimentar la paz perfecta que Dios ofrece.