Introducción
La Biblia pone un fuerte énfasis en la
comunión, tanto en las relaciones humanas como en nuestra relación con Cristo.
En esta lección, exploraremos cómo la comunión en el matrimonio refleja y
enseña sobre nuestra comunión con Cristo. ¿Qué es exactamente la comunión? En
términos simples, la comunión es la unión de dos o más partes que comparten
algo en común, ya sean valores, creencias o propósitos, y que expresan esa
unión a través de acciones concretas.
Una decisión en común
El amor y la comunión en el matrimonio
comienzan con una decisión en común. Cantares 7:11
describe el inicio de este viaje: "Salgamos
al campo, moremos en las aldeas". Esta imagen de una pareja que decide
vivir una vida juntos refleja el plan divino desde el principio: "Dejará el hombre a su padre y a su madre, y
se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis
2:24). Esta decisión en común no solo implica compartir un hogar, sino
también unir sus vidas en un solo propósito y dirección.
Jesús lo reafirmó en Mateo 19:5-6 al decir que ya no son más dos, sino
una sola persona, viviendo una sola vida. Uno de los errores más comunes en el
matrimonio es que las parejas sigan persiguiendo sus propios sueños de manera
individual, sin compartir un verdadero propósito en común. Esto también sucede
en nuestra relación con Cristo, donde debemos tener la misma decisión en común
con Él, no desviándonos hacia nuestros propios caminos.
Un propósito en común
El propósito común en el matrimonio a
menudo se centra en los hijos y la formación de una familia. Cantares 7:12 dice: "Veamos si brotan las viñas", una metáfora para observar el
fruto de la vida en común. Uno de los propósitos más importantes del matrimonio
es criar hijos, guiándolos en el camino correcto y asegurándose de que sean
personas de bien. Desde el principio, Dios dio al matrimonio el mandato de
multiplicarse y administrar la tierra (Génesis 1:28).
Lamentablemente, muchos hijos toman
caminos erróneos, rebelándose contra los valores que aprendieron en casa. En
este sentido, es esencial que tanto el matrimonio como la familia trabajen
juntos con un propósito en común. De igual manera, en nuestra comunión con
Cristo, debemos esforzarnos por compartir su propósito divino para nuestras
vidas. Si la Iglesia trabaja unida hacia los propósitos de Dios, no habría
divisiones, sino una búsqueda común de agradar al Señor.
Una esperanza en común
Cantares 7:13 habla de "dulces frutas nuevas y añejas", que
representan las experiencias vividas en el matrimonio. A lo largo de los años,
las parejas acumulan vivencias, algunas dulces y otras amargas, pero todas
forman la base de una esperanza compartida: la de un futuro mejor, donde los
hijos sigan en el camino del Señor y la familia se fortalezca.
Así también, la Iglesia vive con una
esperanza en común: un día, Cristo vendrá por su amada, la Iglesia, y estaremos
por siempre con Él. Lo que ahora vivimos son los "frutos" de nuestra
relación con Cristo, pero nuestra mayor esperanza es encontrarnos con Él en
gloria. Esta esperanza debe guiarnos cada día, sabiendo que nuestra comunión
con Cristo es eterna y verdadera.
Conclusión
El amor y la comunión en el matrimonio
reflejan la relación que Cristo desea tener con su Iglesia. Al igual que en el
matrimonio, debemos tomar una decisión en común de seguir a Cristo, compartir
su propósito y vivir con una esperanza inquebrantable en su retorno. Como dice 1 Juan 1:3: "Nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo". Si
mantenemos nuestro compromiso con Cristo, nuestra vida estará llena de
propósito, paz y verdadera comunión.
