Introducción
El fin supremo del hombre es la
felicidad, decían los filósofos de la antigua Grecia; y a través de las
generaciones esta declaración se confirma con la forma en que todos vivimos.
Los objetivos personales de toda la gente están enfocados principalmente en
aquello que le haga feliz, ya sea en el presente, o en un futuro cercano. Por
eso trabaja, por eso se esfuerza, por eso se casa, tiene hijos, etc. Porque
quiere tener una vida feliz.
Una de las razones por las que la
gente rechaza a Dios, es porque cree que los creyentes somos personas serias, tristes,
que no gozamos nada la vida. Piensan que vivimos bajo muchas reglas estrictas,
con tantas prohibiciones, que somos como prisioneros condenados a vivir en
constante amargura.
Usted y yo sabemos que eso es
totalmente erróneo. Sabemos que los propósitos de Dios son siempre para nuestro
bien, y por supuesto para procurarnos felicidad. Muchas partes de la Biblia nos
dicen como Dios tiene planes de bienestar, de gozo, para que disfrutemos una
vida plena. Solamente que los conceptos de felicidad para los creyentes y para la
gente que no cree en Dios son muy distintos. El mundo cree que la máxima
felicidad es tener mucho dinero, propiedades, dominio sobre otros, placeres carnales,
etc. Pero la Biblia nos explica con mucho detalle cómo Dios ha establecido lo
necesario para que seamos verdaderamente felices.
Lectura
Mateo 5:1,2 “Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a
él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:”
El pasaje continúa con una serie de
declaraciones del Sr. Jesús, que conocemos como “las bienaventuranzas”. Pero
antes que nada, notemos que esta narración empieza diciendo que el Señor vio a
la multitud, vio su necesidad, vio que les hacía falta ser realmente felices. Un
poco más adelante, Mateo nos cuenta como el Sr. Jesús vio a las multitudes y
tuvo compasión, porque estaban desamparadas como ovejas que no tenían pastor
(Mt. 9:36), porque tenían muchas necesidades y no había quien los guiara. Jesús
siempre se compadeció de la gente, por que vivían llenos de problemas,
necesidades, caminando como ciegos. Siempre insatisfechos a pesar de que
tuvieran cumplidas la mayor parte de su necesidad material, pero les faltaba
llenar sus necesidades espirituales y por eso vivían sin verdadera felicidad.
También nosotros, tenemos las
mismas necesidades y a veces nos hace falta recordar lo que Dios nos ha
enseñado para vivir satisfechos y felices. Así que durante algunas semanas
vamos a estar reflexionando en las bienaventuranzas que el Señor Jesús
pronunció en la primera parte de lo que conocemos como “El Sermón del Monte”.
En el capítulo 5 de Mateo, de los
versículos 3 al 11, se encuentra 9 veces la palabra “Bienaventurado”; a través
de estas enseñanzas, vamos a repasar conceptos importantes para una vida
cristiana llena de gozo. Para empezar veamos el significado de: Bienaventurado.
Hebreo: Barak (Literalmente
“rodilla”) = Bendecido, próspero.
Griego: Makarios = Feliz,
dichoso, alegre.
Latín: Bene y Ventura = Afortunado,
Suertudo.
La palabras que se traducen como
“bienaventurado(a)” se repiten en 44 versículos del AT y en 48 versículos del
NT. En los versículos que se menciona, la palabra tiene varios significados;
incluso si compara varias traducciones de la Biblia, notará que algunas veces
las cambian por feliz, dichoso, bendecido, etc. Con tantas veces que se
menciona esta palabra en la Biblia, podemos entender que Dios desea que
seamos muy felices.
Para introducirnos al tema de las
siguientes semanas, hoy vamos a reflexionar en algunos de los versículos del
Antiguo Testamento que hablan de ser bienaventurado; así, en los estudios
posteriores, tendremos una referencia adicional para entender las bienaventuranzas
que enseño nuestro Sr. Jesús en este pasaje de Mateo capítulo 5:
Somos bienaventurados al ser perdonados de Dios
Salmo 32:1,2 “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido
perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová
no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño”.
¡Qué felicidad! ¡Qué dicha! ¡Qué
bendición tan grande! Es tener el perdón de Dios. Cómo usted sabe, esto lo
expresaba David con total conocimiento personal. En el Salmo, él sigue
expresando los terribles efectos de vivir con la culpa, de tener la conciencia
de pecado y saber que el castigo tarde o temprano llegará.
David dice que sentía que sus huesos
envejecían y que se la pasaba gimiendo todo el día. Había un efecto incluso
físico por el peso de la culpa. El sentía también que Dios lo observaba y no
podía ni siquiera dormir. Y toda la angustia, toda la tristeza se acabó cuando
por fin confesó su pecado a Dios y recibió el perdón tan esperado.
Así nosotros, podemos entender que
somos bienaventurados al haber recibido el perdón de Dios de todos nuestros
pecados. Cuando pusimos nuestra fe en la obra de Cristo, cuando dejamos toda
excusa y entendimos que la única forma de reconciliarnos con Dios era la muerte
de Cristo. Hasta que confiamos plenamente en que Cristo pagó todo lo que
merecen nuestros hechos, pudimos descansar y ser felices. Así dice este Salmo, hay bendición, hay bienaventuranza,
cuando Dios no nos culpa de ninguna maldad. Sino que nos justifica por medio de
Cristo y anula el acta de los decretos que había contra nosotros (Col. 2:14)
Somos bienaventurados al ser guiados por Dios
Salmo 112:1 “Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, Y en sus
mandamientos se deleita en gran manera”.
¿Qué sería de nosotros si no
tuviéramos la Biblia en nuestras manos? Es seguro que ya desde hace mucho
tiempo nos habríamos destruido unos a otros. La Biblia es una muy grande
bendición, que nos llena de alegría cuando la leemos con un corazón sincero,
para buscar a Dios. Desafortunadamente, millones en el mundo no aceptan la
autoridad de la Palabra de Dios, no le tienen respeto a Dios ni a sus
mandamientos, pero lo bueno es que aún queda un remanente, un grupo de personas
que creen en su Palabra, los cristianos, que vivimos con temor de Dios.
Dice este salmo que hay
bienaventuranza en temer a Dios y deleitarnos en su Palabra, y si sigue leyendo
el resto del salmo, se dará cuenta de todas las abundantes bendiciones que esto
trae consigo. Hay bendición para los hijos, hay bendición material, hay
bendición incluso para los que nos rodean, al ser partícipes de la misericordia
y justicia con la que viven todos los que temen a Dios y se deleitan en su
Palabra.
Tenemos muchas razones para ser
felices, y una de ellas está al alcance de todos, la Biblia, la Palabra de
Dios. Que dichosos serían todos si tan solo vivieran de acuerdo a la guía
perfecta de Dios, si tan solo se dispusieran a entender lo que él dejo por
escrito.
Somos bienaventurados al ser elegidos por Dios
Salmos 144:15 “Bienaventurado el pueblo que tiene esto; Bienaventurado
el pueblo cuyo Dios es Jehová”.
Este texto empieza diciendo que es
bienaventurado (feliz, dichoso, bendecido) el pueblo que tiene esto. ¿A qué se
refiere con “esto”?, los versículos anteriores nos dicen muchos detalles.
Leamos los versículos 12 al 14. Todo lo que dice David, es lo podría decir
cualquier persona en todo el mundo. Son elementos primordiales para la
felicidad. Tener una familia bella, próspera, tener abundancia material, vivir
seguros, protegidos de amenazas y peligros, en fin tener una vida tranquila y
feliz.
Y por eso el último versículo del
salmo concluye, bienaventurado el pueblo que tienes esto. Todos podemos
sentirnos bienaventurados si nuestra vida es así como lo menciona este pasaje.
Y tal vez, si analizamos nuestra vida, podríamos pensar que nos faltan algunas
cosas de lo que ahí se dice, que no hemos llegado a ese nivel, que nosotros
estamos sufriendo carencias, etc.
Por eso el versículo no termina
ahí, para que no nos confundamos que solo esto es la bienaventuranza, que solo
esto es felicidad y que si no lo tenemos entonces nos falta mucho para ser
felices. El versículo termina diciendo, Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es
Jehová. Esa es la mayor dicha, la más grande bendición. Que Dios nos haya
elegido para ser salvos y para que fuéramos hechos hijos de Dios. Mire lo que
dice David en el versículo 3 y 4. No tenemos algún mérito, no tenemos derecho a
ser bendecidos, sino que Dios, por su gracia nos rescató, llenó nuestras vidas
vacías, cambio nuestras vida incompletas y sin sentido, a una vida abundante y
bienaventurada, en todos los aspectos.
Conclusión
Cuando entregamos nuestra vida a
Dios, cuando le obedecemos sinceramente, cuando amamos a Dios con todo nuestro
ser, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, así como dice su ley, entonces
encontraremos la verdadera felicidad; no una superficial por medio de cosas
temporales, sino una felicidad profunda, que disfrutaremos a pesar de tener
circunstancias adversas en nuestra vida.
Ya tenemos lo más importante, la
vida eterna que Dios nos ha prometido, todo lo demás es pasajero, tendremos
momentos de tristeza, momentos de alegría, días difíciles, y también días de
regocijo; pero nada nos podrá quitar lo bienaventurados que somos por
pertenecer a Dios para siempre por medio de nuestro Señor Jesús.
Dios los bendiga
Venustiano Rubio
IereC Nogales, Veracruz, MX
