ESCUDO PROTECTOR


Introducción

A partir del 10 de junio de 2020, empecé a tener fiebre y tos, unos días después, mis suegros también tuvieron algunos síntomas de gripe, después mi esposa e hijos, mi cuñado y su familia y la familia de su esposa. Casi todos se aliviaron en unos cuantos días, a excepción de mi suegro y yo.
El sábado 20 de junio fui internado en el hospital porque en una consulta particular me dijeron que tenía una neumonía grave, y por eso me empezaba a costar trabajo respirar. Mi Suegro fue internado al siguiente día, domingo 21 de junio. La voluntad de Dios fue que mi suegro se fuera a su presencia, esa misma noche que llegó al hospital… y a mí, por su misma voluntad soberana, me sanó, y el miércoles 24, por la noche, salí del hospital. Llevo poco más de 3 semanas en recuperación. Gracias a Dios.
La familia ha pasado por momentos muy difíciles y seguimos pasando, porque actualmente mi suegra sigue luchando contra una enfermedad de la sangre que no la deja desde hace ya muchos meses, pero estamos seguros que Dios nos sostiene todo el tiempo y nunca nos abandonará.  ¡A Dios sea la gloria!
Seguramente todas las familias están pasando por situaciones similares. Esta epidemia ha tomado proporciones mundiales. En nuestro país se ha vuelto algo terrible; este virus llega todos los días a más familias, por todos lados sabemos de amigos, familiares y  hermanos que han enfermado, muchos han fallecido. Seguramente todos los cristianos oramos y pedimos a Dios que nos libre de esta enfermedad. Definitivamente que confiamos en Dios porque él es fiel, misericordioso, amoroso, pero no estamos exentos de los efectos de esta epidemia, así que la pregunta es: ¿Cómo estamos viviendo esta terrible situación día con día? Cada uno tendrá su propio testimonio de padecimiento, preocupación y problemas.
Por tanto, quisiera invitarles a reflexionar en la Palabra de Dios, en un pasaje bien conocido que se encuentra en Efesios capítulo 6. Espero que a través de esta meditación podamos confirmar lo que ya sabemos: que Dios nos ama tanto, que ha provisto lo necesario para que vivamos con tranquilidad y con regocijo, a pesar de las circunstancias.

Lectura:

Efesios 6:13-18
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, conque podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;”
Lo primero que notamos, es que dice “para que puedan resistir en el día malo”, ¿Serán malos estos días que estamos viviendo? creo que es evidente que esta “armadura de Dios” tiene un propósito bien claro: Que los cristianos puedan resistir los días malos, y que cuando esos días pasen, permanezcamos firmes. ¿Firmes en qué? en nuestra confianza en Dios.
Brevemente les voy a describir 5 de los elementos que componen esta armadura, pero nuestra reflexión estará enfocada en 1 elemento. Voy a mencionarlos empezando por  el que va en la cabeza, no se preocupe si se los digo en un orden diferente al que están escritos, es solo para tener un contexto general:
Yelmo de la Salvación: Pablo nos da la idea de proteger nuestra cabeza, es decir nuestros pensamientos. Si empezamos a tener pensamientos negativos o ideas abrumadoras sobre el peligro que nos rodea, debemos recordar que nuestra Salvación es totalmente segura. Ninguna calamidad, presente o futura,  pondrán en riesgo nuestra vida eterna.
Coraza de Justicia: Este elemento nos recuerda proteger nuestro corazón, y se podría interpretar como nuestros sentimientos. Debemos recordar que Cristo murió por nosotros y por tanto ya somos justos. Es decir, debemos estar seguros de que nada de lo que está pasando es castigo por algún pecado. Si Dios permite alguna pena en nuestra vida, muchas veces es para que no acordemos y volvamos a él, no para que empecemos a enojarnos unos con otros.
Cinto de la Verdad: El pasaje no dice “cinto” literalmente, pero se interpreta eso cuando dice “ceñidos los lomos” es decir, la cintura. Esta figura nos recuerda que estamos en la verdad, que vivimos para Cristo y que él es la verdad. El mundo está saturado de mentiras, a la fecha no sabemos quién dice la verdad,  si esto lo hicieron deliberadamente o no, si hay vacuna o no, si hay más enfermos y muertos de los que informan, etc. Nosotros permanezcamos firmes y creyéndole a Dios porque su Palabra es la única Verdad Eterna.
Calzado del Evangelio: Pablo relaciona al calzado con la disposición a compartir el evangelio, la buena noticia, ¿Cuál es esa buena noticia? Que Cristo murió para que nosotros podamos vivir. Muchas personas que no confían en Cristo están angustiadas, necesitan que los cristianos vivan tranquilos, confiados, alabando a Dios, entonces querrán saber la razón; ahí  hay oportunidad de que escuchen esa buena noticia.
Espada del Espíritu: Ese elemento no necesita mayor explicación, el mismo texto nos dice que representa a la Palabra de Dios. Lo que leemos y memorizamos en ella, viene a nuestra mente en momentos difíciles para consolarnos unos a otros. También con la Palabra de Dios contrarrestamos las enseñanzas falsas del enemigo, las creencias, las tradiciones y otras filosofías humanas que en nada ayudan a los que sufren.
Escudo de la Fe: De este sexto y último elemento de la armadura de Dios quiero platicarle un poco más. Todos los componente son importantes y ya habrá otra ocasión de estudiarlos más a fondo; hoy pensemos algunos detalles del Escudo de la Fe.
La función de un escudo ha sido la misma en todas las épocas, son para defensa y protección. En la antigüedad la usaban los soldados, hoy podemos ver escudos más ligeros pero efectivos en los policías antimotines o anti protestas, son grandes y con ellos protegen casi todo su cuerpo.
Pero en los últimos meses y a causa de la pandemia, seguramente hemos visto que en todo el mundo se empezaron a usar millones de escudos. ¿Los ha visto? todos los doctores, enfermeras, personal de salud, y también mucha gente aunque no esté en esas labores están usando a diario un “escudo facial” (face Shield), es una pantalla de plástico que cubre toda la cara, y detiene las partículas que expulsan al hablar, respirar o toser los enfermos.
En estos días en el hospital, pude ver como los doctores y enfermeras contaban con mucha protección, mascarillas de tela, mascarillas rígidas de plástico, googles, guantes, gorros, overoles con capucha, cubiertas para el calzado, batas, y enfrente de todo esto, para darle la cara al paciente, su escudo facial.
Esto que estamos viendo, nos hace pensar: Toda la gente está buscando múltiples formas de proteger  su cuerpo, todo este equipo evita que el virus los contamine, y el escudo facial es una de las medidas más eficaces, pero  ¿Cómo van a proteger nuestro interior? y por “interior” me refiero a pensamientos, sentimientos, ¿Cómo van a evitar el miedo, la angustia, la incertidumbre, el desánimo, la depresión, etc.? Todo eso que es normal en el ser humano. Necesitamos algo que nos ayude a resistir, a mantenernos con ánimo para vivir a pesar de los problemas de salud, de los problemas económicos, de la pérdida de familia y amigos, de la desesperanza generalizada.
Precisamente la respuesta es lo que vemos en estas palabras: “Sobre todo, tomen el escudo de la fe para que puedan apagar todos los dardos de fuego del maligno” Necesitamos un escudo para proteger nuestro exterior del virus, pero necesitamos mucho más un escudo para proteger nuestro interior de los múltiples ataques del maligno, del enemigo de nuestras almas que nunca descansa, que cada día nos está lanzando esos “dardos de fuego” para intentar derrotarnos.
¿Cuáles son esos “dardos del maligno”? es fácil notarlos, tomando el ejemplo de los doctores y enfermeras, el maligno siempre está lanzando estos ataques a su conciencia:
1 ¿Para qué te esfuerzas? mira cómo la gente sigue saliendo a la calle, no vale la pena que trabajes tanto por ellos. Si ya están graves mejor déjalos que se mueran, ellos se los buscaron.
2. Mira cómo se están muriendo tus compañeros, ya no sigas ayudando a los enfermos, mejor retírate y cuida solo a tu familia. No hay nada que hacer, esta epidemia va a seguir por siempre.
3. ¿Te pagan suficiente para que te arriesgues así? mira esos enfermos, ni te agradecen, no los atiendas, no les hables, no los toques ni con guantes, de nada sirven las palabras de consuelo que les das.
Estos “dardos” son solo unos cuantos ejemplos, pero si analizamos nuestra propia vida, notaremos otros muchos “dardos del maligno” los que nos susurran al oído: ¿Por qué Dios permite enfermedad y muerte en los creyentes?, Otros “dardos” llegan por las noticias: Cada vez más enfermos, cada vez más muertos, no hay solución, la economía va en picada, se perdieron millones de empleos. Todo esto nos resulta en una vida intranquila, con temores e incertidumbre ¿Que va a pasar mañana? ¿Qué otras problemas vendrán en los próximos meses?
Por eso la Biblia dice: “Tomen el escudo de la fe para que puedan apagar todos los dardos de fuego del maligno”. Nuestra fe tiene la capacidad de detener los ataques del maligno, 
¿Cómo es que nuestra fe evita que tantos ataques nos desanimen, nos hagan sentir cansados, y con intranquilidad? Revisemos el concepto básico de Fe, dice Hebreos 11:1 La fe es:
1.- Certeza de lo que se espera: Los cristianos tenemos la certeza de lo que esperamos, certeza es seguridad, en otras palabras, nosotros estamos seguros de lo que estamos esperando. ¿Sabe que esperamos? Esperamos siempre lo mejor, porque sabemos de quien viene, sabemos que Dios tiene para nosotros pensamientos de paz y no de mal, creemos que él tiene para nosotros toda buena dádiva, todo don perfecto. Estamos seguros que todas las cosas ayudan a bien a los que a Dios aman. Tenemos la seguridad que si Dios nos dio a su Hijo ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Nuestra fe en Dios, como un escudo, nos sostiene ante las dudas y temor sobre lo que pasará, nos mantiene firmes ante la calamidad que vemos, porque sabemos que sobre todas las cosas está un padre amoroso que tiene todo controlado y que todo lo hace para nuestra bendición.
2.- Convicción de lo que no se ve: Los cristiano estamos convencidos de lo que Dios nos dice aunque no podamos verlo,  este convencimiento empieza como dice en Hebreos 11:6 “es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay”, creemos que Dios existe y creemos que está con nosotros, creemos que diariamente nos bendice, no tan solo con las cosas materiales sino aún con aquellas que no vemos. Por ejemplo, su gracia, su misericordia, su amor, su justicia, etc. estos conceptos no representan algo material en sí mismos, sin embargo los resultados de ellos si son muy evidentes en nuestras vidas.
Un pasaje que nos ayuda a comprender algunas de esas bendiciones que mencioné es el que se encuentra en Lamentaciones 3:22-23: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias, nuevas son cada mañana; grande es su fidelidad.”
Aunque no veas con claridad lo que Dios está haciendo, cree, confía, mantén tu fe en él. Lo que vemos en el texto anterior es que Dios está tratando con misericordia a toda la humanidad todos los días. Lo que sucede parece duro, pero Dios aún tiene paciencia, todavía su gracia mantiene una oportunidad de salvación para todos. Los planes de Dios son grandes abarcan a toda la humanidad, y en medio de esos planes, los cristianos son instrumentos que Dios usa para dar testimonio a los demás. Para que vean ejemplo de cómo se vive confiando en Dios.
Al mantener firme su fe, al estar seguro de los que espera de Dios, al estar convencido de que Dios está a su lado aunque no lo pueda ver, cada cristiano está sosteniendo fuertemente su escudo de la fe, esa fe que le permite defender su interior del desánimo, del temor, de la incertidumbre.

Conclusión

La tarea no es fácil, mantenerse firme en medio de circunstancias tan difíciles que nos tocó vivir requiere nuestro esfuerzo. Le animo hermano y hermana a esforzarse diariamente en orar en todo tiempo, rogando a Dios por todos. En leer la Biblia para meditar, aprender y vivir de acuerdo a ella. Y también en ayudar a quien tenga cerca, con palabras de consuelo y también con ayuda material al necesitado, porque así nos lo encargo nuestro Señor Jesucristo.
¡Dios nos bendice todos los días!
Venustiano Rubio
IereC Nogales, Veracruz, MX